viernes, 27 de mayo de 2016

El tendedero de la abuela

El tendedero de la abuela.

El tendedero de la abuela no es como cualquier tendedero, tiene cinco mantillas que pertenecieron a sus primeros cinco hijos. Antes no existían pañales desechables y las personas usaban una y otra y otra vez la misma mantilla para mantener limpios a los bebés. A la abuela se le ocurrió la idea de dibujar un cuento por mantilla; las mantillas van en la quinta generación; además, el tendedero es mágico. ¿Sabes por qué es mágico? Adivina.
El tendedero  se mueve con el tiempo, sueña, dibuja, lee, escribe y avanza.
Primer mantilla (Hoja de Ruta)
Diego es un niño que vive en la calle Granjero en Ciudad Juárez. Una noche Diego soñó leer en el transporte público, cosa rara, las personas no ponían atención; enojado  bajó del transporte y se fue  rumbo a la Plaza de la Mexicanidad. En los cuadernos que llevaban en la mano la maestra le anotó una X roja. Diego estaba triste y cansado, se sentó a la sombra de la X y de pronto una mujer gigante de velo azul, se apareció– ¿sabes porqué las personas no ponen atención cuando lees en el transporte público?-.
-Porque no soy nadie, ni valgo, ni soy famoso, por eso-.
–No, no, no, Diego, tú eres un niño de 10 años con un futuro brillante pero lees muy bajito y la gente no te escucha, la próxima vez debes alzar la voz, así-.
En ese momento la gigante lo cargó, le mostró a las personas que muy pronto lo escucharían, le entregó un borrador que tenía el poder de transformar la X roja en una paloma verde.
Diego feliz, reía pero la risa le duró poco; pegó un brinco de la cama al escuchar la alarma del despertador. Los gritos de su mamá lo despertaron.
-Diego, Diego, es domingo vamos a la bibloteca Hoja de Ruta, luego a leer al transporte público, será un domingo provechoso.
Segunda mantilla (La niña del tren).
Tal vez porque Sofía vivía cerca del ferrocarril extrañaba el sonido del tren cuando se mudó al Paso, Tx. El primer día de escuela las cosas le parecían moverse al revés. La maestra le hablaba español, igual, ponía palabras en inglés dentro de las oraciones y cambiaba el orden de las frases. La voz de su maestra se pegó en la memoria. Sofía pasó las tardes recordando las frases, las lecciones y cuando grande quiso ser como la maestra. De pronto se vio en la entrada principal de Tornillo Elementary School, caminó lentamente por los pasillos, vio dibujos animados, libros colgados en la pared. Sacudió la cabeza pensando que estaba en un sueño, ella llevaba una linterna en la mano izquierda y una pluma en la mano derecha. Llegó a su salón e intentó sentarse en su pequeña sillita, vio que su cuerpo había crecido. Los niños le llamaron maestra, así es que, Sofía se fue directo al escritorio, encendió la lámpara para iluminar el salón que estaba a oscuras. Levantó su pluma y dijo –hoy vamos a aprender a escribir relatos, combinaremos dos idiomas, inglés y español. La primera instrucción es que el personaje principal llevará su nombre completo, debe conservar la ortografía orginal, el apellido de su padre y el de su madre;  levanten la pluma, acerquen su mano izquierda y júntenlas arriba diciendo su nombre completo en voz alta seguido de la orden, ¡dime cómo quieres que sea tu historia! Repitan su nombre completo una vez más y escriban al fluir de la consciencia-.
El sonido del tren despertó a Sofía, se levantó pensando que aún vivía en Ciudad Juárez en la calle Ferrocarril, sacudió sus manos y atrapó el recuerdo hermoso de su infancia, recordó que hacía muchos años su maestra le enseñó a escribir una historia sobre su destino. Sabía exactamente qué enseñaría a sus alumnos el día de hoy.


Tercera mantilla (El niño que dominaba la serpiente).
A Roque le gusta treparse a los árboles, ahí avienta los juguetes que ya no usa, así es que, pasado el tiempo el árbol parece de Navidad, tiene muchos colores. Una tarde  su mamá le ordenó bajar los juguetes viejos, el otoño se acerca y las hojas caerán pronto. El árbol quedaría desnudo y los juguetes no tendrán cobijo. Roque empezó por la parte más alta del árbol, vio un trenecito que hacía mucho tiempo no veía, vio un planetario que su papá compró en un viaje a Buenos Aires, vio  unas tijeras que su maestra le había regalado, de pronto, de pronto, estiró la mano y sintió que el juguete se movía. Oh no, no, era una serpiente que crecía, el miedo de Roque aumentó. La serpiente habló – Roque, me voy a comer tus manos y tus pies-. Roque abrió lo ojos, sus juguetes salieron volando se treparon a una nube, tenían miedo. Vio a la serpiente a los ojos, y tranquilamente dijo –No eres de verdad, no te tengo miedo, de seguro estoy en un sueño-.
Cuando Roque dijo ésas palabras, ¿qué creen? La serpiente se fue haciendo chiquita, tan chiquita que desapareció. Roque bajó del árbol y lo vio limpio, limpio. Sus juguetes se habían ido,-ah juguetes miedosos- pensó Roque.
Cuarta mantilla (Aura y Oruga).
Cada mañana Alán y Aura salían  a caminar a la montaña del Perro Perdido. Un buen día Alán decidió preparar un ramo de flores silvestres. Aura ayudó a abrir el camino hacia las flores más hermosas. Mientras caminaba escuchó  un lamento, era el de Oruga que se quejaba porque  se llevaban las flores. Aura detuvo el paso y fue hacia Oruga que dio un brinco a su nariz. Aura sacudió la cabeza y Oruga cayó al suelo, se perdió entre las flores. Cuando Alán regresó a casa puso el ramo de flores  en el centro de la mesa y le ordenó a Aura cuidar de las flores y la casa.
-Aura, cuida la casa, cuida las flores. Iré a traer un recipiente para ponerlas en agua.
Aura ahora no solo tendría que cuidar la casa, también las flores. De entre las flores notó algo extraño. -Oh no, Oruga vino entre las flores, ¿qué hago? ¿qué hago?.
Aura corría dando vueltas mordiéndose la cola porque no sabía qué hacer con Oruga. Se le ocurrió invitar a Oruga al patio de la casa, ahí había  plantas  desérticas con flores de suaves pétalos; no eran silvestres pero Oruga se sentiría bien ahí.
-Oruga, Oruga, ven monta mi nariz, te llevo al patio.
Oruga saltó a la nariz de Aura y ésta la llevó al patio. Las dos fueron grandes amigas. Cada vez que Oruga quería trasladarse a otro espacio, llamaba a Aura. Las dos se divertían mucho. De pronto Aura no encontró a Oruga. La buscó y la buscó y la buscó. Muy triste Aura olfatea entre las flores. Oruga le habla a las orejas de perra, volaba feliz porque no tendría que arrastrarse,  era mariposa, hermosa mariposa color azul. Oruga abría los caminos de Aura hacia nuevas aventuras. Volaba, e invitó a Aura a dar un paseo por las nubes.
Quinta mantilla (Ila Aguirre).
Hace mucho tiempo existió un planeta situado en medio de la luna y el sol, una niña que recorría los caminos en bicicleta después de escuchar esta hisotria decidió que el sol y la luna deberían estar juntos para siempre. –Ila Aguirre, Ila Aguirre ven te contaré, ayúdame a reunirme con mi amada, la luna. Ella y yo estuvimos juntos al incio de todos los tiempos pero el planeta de donde vienes nos separó, la encerró en una serpiente y ella se confundió, hablaba en enigmas, me desconoció. Su cabello se tornó rubio, tan rubio que su rostro palideció, se convirtió en tirana, mató a las personas que pensaba, eran diferentes. Las estrellas llegaron a visitarla pero ella estaba distante de su propio corazón. Las ilusiones que veía en las pantallas de televisión y computadora, le absorbieron su cerebro, me acusó de ser el culpable de la desgracia humana. Entonces, nos separamos, y yo, herido, me convertí en guerrero vengativo, destruí el planeta tierra, tenía celos de la luz de la luna por las noches, nadie merecía su luz, solo yo.  Ah pero qué te cuento, tú qué sabes, tan solo eres una niña. Gracias Ila Aguirre, gracias por escucharme. Adiós.
Ila Aguirre activó el centro de su pecho, ahí estaba el secreto para arreglar los problemas, tenía un corazón con alas, salió volando a buscar a luna, la convirtió en escritora, creaba nuevas palabras e historias que los humanos leían desde el corazón. El sol y la luna estarían juntos para siempre en cada uno de sus relatos.
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