viernes, 10 de marzo de 2017

Zapato de tacón alto y El animal sobre la piedra de Tarazona.

¿Qué opino sobre los zapatos de tacón?
Para empezar los dejé de usar hace mucho tiempo, algunos siete años para ser precisa. ¿Por qué los descarté de mi vida? Porque las últimas botas de tacón hasta el cielo, me dejaron un dolor de espalda por tres días. Ahí tengo dos pares, siguen en mi clóset y no sé si algún día los voy a sacar. Hablando de sacar del clóset. Sabías que los primeros zapatos estilizados y de tacón alto fueron diseñados para el Rey Luis XIV pero antes se encuentran vestigios o señales de los antiguos egipcios andando en estas pisadas altas. Actualmente existen intentos para diseñar zapatos de tacón alto para varones. Sería extraordinario para la muerte genérica, donde los hombres no dejan de ser hombres al usar tacón alto y las mujeres no dejan de ser mujeres al usar botas y sombrero.
 Algo impresionante pasó en mi familia. Uno de mis sobrinos a la edad de 6 años elevaba los pies, como si estuviera calzando tacones. Sus padres le llamaban la atención sin herirlo o decirle tonterías como suelen decir a los niños/as cuando quieren experimentar con los símbolos del contrario. Poco a poco el mismo niño dejó de hacerlo. Todavía reflexiono si lo que el niño manifestó es una progresión de lo que sucederá en la moda o si él era la re encarnación de algún europeo entaconado o si es la re encarnación de mi padre que el día de su muerte fue llevado al hospital por nuestro adorado transvestí del barrio, ya  ves que dicen los tibetanos que los últimos momentos de tu partida son cruciales para encaminarte a lo que sigue, agregaré que mi cuñada nos dio la noticia de su embarazo a los quince días de fallecido mi padre y que mi sobrino es idéntico a él. 
Él dice (Lizandro) que "si pienso desde el cuerpo de una mujer, me asusto y creo que puedo morirme" (p.85). Pensaré desde el hombre por eso usaba zapatos de tacón alto, para ser el rey Luis. ¡Cuánta animalidad!. Prefiero ir hacia mi bisabuela rarámuri, ella usaba huarache o andaba descalza. 
¿Qué si en América los indígenas usaban zapatos de tacón? No los creo tan tontos, es decir, no había caballos y una de las excusas de los europeos fue que necesitaban un zapato adecuado para atorarlo en los estribos de la montura. Hablado de estribos, ¿sabías que las mujeres de identidad patriarcal usan los zapatos de tacón alto para agradar al macho  e impresionar a otras hembras?.¡Han perdido la razón!. Sí, así de primitiva es la consciencia cuando decidimos montarnos en las apariencias. ¡Sátira del pensamiento!
Mira, estuve buscando entre mis libros para entrar en materia literaria y encontré la portada de El animal sobre la piedra de Daniela Tarazona, es un hermoso zapato de tacón rojo, al inicio de una pantorrilla que me lleva a recordar alguna escena de Pedro Infante aventado piropos teniendo como vista los chamorros y un par de tacones, otro comportamiento primitivo de la identidad masculina que ya no queremos ver. ¿Ves?  El animal en la piedra, en sus láminas que abarcan 170 páginas, Irma va en retroceso pelando su piel femenina hasta alcanzar la cabida en el huevo. La novela la publicó  editorial Almadía en el 2008, Tarazona nos comparte la cruel transmutación de mujer a animal debido al sufrimiento, el dolor de haber perdido a su madre. La mujer se transforma en un reptil, huye de su civilidad para que la realidad ya no duela, su sexo es cubierto por escamas, no siente. Es a través de su cría que la nombra hija, nos damos cuenta de que procrea un reptil. Ella vuelve a la piedra y el zapato de tacón va quedando lejos, muy lejos, en la portada solamente. 
¿ Así es la mujer que calza tacón, una portada?. ¿Una carátula que hace explotar un sinfín de sensaciones, emociones listas a acomodarse en sus agendas e intereses patriarcales?. 
¿No solo lo hace por inocencia o por verse bonita?.¿ Así será el hombre que calza tacón, una portada?. ¿Una carátula que hace explotar un sinfín de sensaciones, emociones listas a acomodarse en sus agendas e intereses patriarcales?. ¡Lindos y Lope de Vega!
La próxima vez que calces tacón, mejor piensa en el futuro de tu espalda, no vaya a ser que la serpiente repte hasta chupar tu corazón, encaramarse en tu rostro y termine escribiéndote una sátira.