jueves, 22 de junio de 2017

Tono y timbre.

Nota:
Esta chulada la escribí el 2013 or so.
El fb timbró y en la barra superior derecha del diminuto cuadro colgaba el rojo,  anunciaba un mensaje. El timbre de la anciana pestilente y aburrida circulaba en mi cabeza. Su tono era familiar pereció y pareció ayer la despedida. La vieja estaba confundida, se empeñaba en manipular el tono del mensaje; le añadió coloridas flores a la tumba. La señal del mensaje seguía colgada, ella se autonombraba escritora, ignora que ya fue escrita. Aburres; añadió dibujitos al falso tono. Ya aprendí todo de ti. Inisitía ahogada por el doblez, la joroba y las eternas horas frente a la computadora.
La anciana chimulea, parca, endiablada por la envidia típica del miedoso que prefiere criticar ante los tonos y timbres de almas feministas; tenía solo dos opciones: O abría su corazón y me besaba O continuaría viviendo en su falsa locura de inventos dominados por tonos y timbres heredados machos. 
El fb timbró y en la barra superior derecha del diminuto cuadro colgaba el azul, anunciaba el mensaje. El timbre de la joven bien oliente, divertida polulaba la narrataria: Dame todo lo que traigas hija de tu, caite con lo que te pedí hace mucho. La narrataria silente no siente a cambio remueve el auricular promete escuchar la historia aunque prefiere chatear con sus amigos y remolinearse en la cama con Costumbre. No quiero tus audífonos no te hagas pendeja, quiero un beso, solo dame un beso, no seas tan tímida nena, nada te va a pasar. -Ay no seas J X de Juárez-. Interviene Costumbre. Jajaja se supone que esto es un asalto y ustedes deben temer. - Bájale al tono, puberto te rodean los trece, ¿verdad?-
El fb entonó, era ella. Sí ella. Ella compendió finalmente articuló tres palabras, escribió, despatriarcalizó la literatura en Mujeres cósmicas.
Tomó talleres con los hombres y las mujeres patriarcales, colocaba los acentos en su lugar, seguía la línea comprometida con sus maestros eruditos, preparados, serios saturados.
 Sus piernas atraían a cualquiera, el café que me preparaba en las mañanas una vez se humedeció con su blusa floja y extendida. Estuvimos en mi cuarto varias veces, ella había llegado apresurada escuché el taconeo a la distancia; el cuarto la esperaba sexual, completamente sexi, abría el hocico practicado devorar los tonos y timbres en cuanto ella apareciese. Así fue. La mesa de centro en forma oblicua de madera, la alfombra blanca supuraba el aliento del bambú y la suerte de las dos. La ventana daba al estacionamiento abarcaba casi toda la pared y ¿las corinas? No. Ella era toda cortina, cubría pinceladas con su voz. Tenía la capacidad de transformar los timbres, exacto. Cuando se acercó a la puerta, descompuso el aparato timbrador. Joder. Casi se electrocuta. Y ahora sí que el tono sería seria de fúnebre. ¡Transforma el idioma¡ No tengas miedo.
Ellas se fueron a la cama, lo vi todo. Era el semisciente en lugar del omnisciente; fue el no punto de vista y la técnica de discurso bien torcido, como la soga que cuelga al muerto para ahorcarte y vuelvas a nacer menos violento. Yo la veo, escribe, escribana, escribe.
"People can only be liberated with their reflective participation in the act of liberation" (Freire, 2004)