sábado, 8 de marzo de 2014

Comentarios Mujeres cósmicas


Reacciones, razones y sinrazones de las Mujeres Cósmicas de Hilda Sotelo.
Por Edgar R. Luna
Primero confieso que me costó trabajo leerlo, y que eso no fue lo difícil, lo realmente complicado fue tratar de entenderlo, no sabía si estaba siendo testigo de un viaje muy denso, una serie de alucinaciones en otra dimensión, o simplemente estaba leyendo una nueva versión de la serie Sex in the City pero en LSD.
Con este libro Hilda se ha unido al grupo de los intrépidos, de los independientes, esos escritores que al no recibir un dictamen favorable, deciden autopublicarse, decisión que nunca me ha resultado atractiva, por un lado el costo, y por el otro, creo que jamás he escrito algo que valga tanto la pena como para poner dinero de mi bolsillo para publicarlo. Pero yo no soy el tema, el tema son estos autores que se han rebelado, los que creen en su obra y hacen hasta lo indecible por hacerla llegar al público.
Y esta novela me recuerda un caso muy particular, el de Jaime Romero Robledo de la ciudad de Chihuahua, que ante la negativa de muchas editoriales en México, optó por crear su propia editorial y publicar su novela El mundo de ocho a espacios, en 2010. La novela fue más que bien recibida por la crítica, obtuvo el premio Colima a mejor obra publicada, con ese premio cerró un ciclo que fue del rechazo a la certeza, a la demostración de la calidad de su trabajo.
Eso por un lado, pero si traigo a colación esta obra en particular es por lo que Hilda llama sincronías, El mundo de ocho espacios es un libro singular, sus primeras páginas son extrañas, difíciles y parecen no tener sentido, hablan de rutinas mecánicas, de absurdos laborales y burocráticos, nos hablan de procedimientos, trámites, formas, cuestionarios y parecen repetirse una y otra vez. Y por si eso fuera poco, al final de cada página va sucediendo un cuento aparte. Después de pasar esas páginas, uno descubre lo que Jaime Romero Robledo acaba de hacer, programó al lector para hacerlo capaz de leer su novela, por ese lado, y nada más por eso, considero a esa obra un prodigio insuperable.
Con Mujeres Cósmicas de Hilda sucede algo similar, pero en dirección contraria, lo que sucede ahí es precisamente desprogramar al lector, las primeras páginas de la novela son el planteamiento de la visión o visiones del personaje, me explico: En contra de la tradición y la estructura narrativa sugerida, por no decir impuesta por las corrientes del pensamiento mejor posicionadas en las telúricas pirámides de nuestro tiempo, Hilda Sotelo propone derribar esos prejuicios que limitan en demasía el pensamiento creativo. No hay una línea narrativa, no hay un espacio delimitado ni definido, la novela sucede en varios planos, la línea narrativa es difusa y dispersa, no es recta ni va en una sola dirección, tampoco existe la noción del tiempo, sucede libremente sin ataduras formales, sin territorios, sin escenarios fijos, es por tratar de darle un nombre, una secuencia plástica, pero también elástica.
Recuerdo que en una entrevista a la ganadora del Nobel de literatura en 2013, la canadiense Alice Munro, le preguntaron por qué sus cuentos eran tan dispersos e iban de un asunto a otro, y crecían cómo un árbol donde una anécdota era una rama de dónde crecían otras, y Munro simplemente respondió: Porque la vida es así, no es una sola anécdota, no tiene una estructura narrativa, ni una línea cronológica.
Mujeres Cósmicas va por ahí, está llena de historias, de, cómo su nombre lo indica, de mujeres, de sus ideas, sueños, aspiraciones, y de la eterna batalla entre sus intenciones y sus acciones, sus pensamientos y sus palabras. Tal vez Hilda debiera agregarle al libro un diccionario de símbolos, la novela está llena de ellos, la serpiente por ejemplo, es una presencia constante, y aunque la víbora ahora nos resulta un animal repulsivo, desde la antigüedad la serpiente tiene otro valor, representa el cambio perpetuo, el conocimiento, el símbolo de la serpiente mordiéndose la cola, no se refiere a la mujer chismosa que muere ahogada por su propio veneno, no, es el símbolo del cambio y conocimiento perpetuo, y aunque no lo creamos, del rejuvenecimiento, sólo hay que recordar la vara de Esculapio y el símbolo de la medicina.
Pero que bueno que Hilda no lo hizo, su novela es una propuesta a transformar al lector habitual, en un lector nuevo, como si nos asomáramos por primera vez a un libro, por primera vez a un primer libro, de alguna forma, autor y lector deben quedar en igualdad de circunstancias, letras frescas para miradas frescas, de nuevo, el rejuvenecimiento.
Y eso provoca que la novela se llene de significados y de interpretaciones, otra sugerencia que se me ocurrió, era que la autora incluyera una representación visual de sus personajes, Hilda, bastante generosa las dibuja bellas, atractivas, muy sensuales, con un encanto milenario y provocador, y debo admitirlo, se queda uno con ganas de verlas por lo menos dibujadas, y al final pienso lo mismo, qué bueno que no lo hizo, la novela debe suceder en la imaginación, debe irse armando según las experiencias y conocimientos de cada lector, cada historia, cada personaje tocará de manera distinta a cada uno de nosotros, unos nos parecerán interesantes y otros no, pero habrá alguno que vaya más allá de eso, encontraremos nuestro semejante.
Mujeres cósmicas me parece un acto de liberación, Hilda liberó su mente y nos invitó a entrar con ella por los pasillos oscuros y estrechos del pensamiento dominante y verla salir del otro lado liberada de las viejas ataduras  y creo que la autora de cierta manera, también hace libre al lector, lo arroja con nuevos ojos a contemplar el viejo mundo y le contagia el impulso de cambiarlo, ahora que ve las cosa de distintas manera, ya sabe por donde empezar.

Por Ysla Campbell
(Catedrática, editora, poeta y experta en literatura del Siglo de Oro)
En primera instancia doy gracias a Hilda Sotelo por invitarme a presentar su reciente novela e igualmente  a los organizadores de este evento.
El libro es una novela fácil y difícil de leer. La paradoja se debe a que tiene parte sencillas al entendimiento, pero cuenta con una serie de personajes femeninos cuyas funciones narrativas a veces son de difícil comprensión. Esto, como es natural, obliga al lector a retroceder en la lectura  en un intento por dilucidar los elementos simbólicos que pululan a lo largo y ancho de la novela. Desde mi interpretación todas la mujeres distintas y parecidas que aparecen son facetas de la protagonista quien lleva una narración en primera persona.
La reiteración en la carencia de identidad hace que este sea el planteamiento central del libro. Una búsqueda de identidad que no se refiere únicamente a los orígenes sanguíneos, al linaje, sino al propio desconocimiento de sí misma que implicó el estrupo a que se vio sometida por su padre en la infancia. La dificultad de esta interpretación radica en que a pesar de que se insiste en la amistad o casi hermandad del personaje femenino con una niña (La Negrita) recién iniciada la novela, y esta vuelta a la infancia repetida, es hasta el capítulo XIII, y último, cuando se narra la violencia sexual a la que es sometida. Es como si las explicaciones vinieran de atrás para adelante. La narradora necesita aclarar al final que jugaba con muñecas de trapo de distintos colores. Esta explicación nos permite entender que las muñecas son los otros personajes femeninos que cobran vida y son caracterizados como la niña lo hizo en su infancia. Esto requería a mi juicio, un pequeño ajuste estructural. En cuanto al estilo, me parece necesario inisitir en que se trata también de una búsqueda que deja ver el estilo  fronterizo, donde la puntuación y los sintagmas se construyen o emplean de manera doble: o muy mexicanos o con notoria influencia del inglés.
El uso del adjetivo es evidente, tanto en las frecuentes descripciones de la vestimenta o cuerpos de las mujeres , como en la insistencia en dotar a los objetos –animados e inanimados- de color. Este último recurso justifica cuando nos enteramos de que cada personaje es una muñeca de trapo de determinado color. De cualquier forma, el color juega un papel fundamental de una gran carga simbólica.
La metáfora que se repite es la vida como un partido de fútbol en el que se ocupan diferentes pocisiones. Siempre el encuentro de una espiritualidad distinta, Zen, zapoteca, de gurús y sanaciones maravillosas que en realidad nunca se dan en la atormentada protagonista en base a sueños anhela la paz en Ciudad Juárez y la eliminación de la frontera. Lo que no  implica que deje de haber localismos geográficos: Cielo Vista, la calle Vicente Guerrero, etc..O narraciones sobre el periodo de álgida violencia en esta ciudad.
En la intemporalidad afirma que alguien observa desde otros siglos(p.180), las celebraciones son de gran importancia en la obra: como el 12 de diciembre o el 14 de febrero.
En conclusión, cualquier integrante del público ha pasado o pasa por las búsquedas desesperadas de la protagonista, quien las padece en sus amores fracasados, en su nexo tormentoso con el pasado o en sus relaciones familiares. 


Mujeres Cósmicas: novela terrícola de Hilda Sotelo



Por Martha Urquidi
(Directora y actriz de teatro, escritora). 

Toma tu tiempo, el juego cósmico sigue a pesar de todo”

El iniciar la lectura de un libro e ir descubriendo en cada página sus personajes, lugares, atmósferas,  nos permite conectar con ese mundo que el autor recreo. Al continuar nuestro día a día, si el libro logra hacer clic, seguiremos recordando a los personajes,  sus sentimientos y  emociones, por lo que comenzamos a convivir con ellos en una suerte de realidad paralela.
 La misma novela anuncia que ”Las Mujeres Cósmicas, es una novela de Terrícolas que han adquirido la capacidad de viajar al planeta índigo”. [1] Las sensaciones de Marisol y La Negrita, Lucy, Arline, Diana, La mujer sin identidad, Sally, las realidades paralelas se asumen sin reserva por cada una de estas mujeres.

 La narración  aunque intricada y fragmentaria  ofrece al lector el juego de  descifrarla y encontrar la sustancia mágica de la que está creada. El mundo de las mujeres dentro de un simbólico juego de futbol en la cancha de la vida, las realidades paralelas y las  sincronías son el sustento de esta narrativa, además que circunscriben  a esta propuesta literaria en un microcosmos emocional, psicológico y metafórico del género femenino, en donde los hombres son el Trofeo o el amor, pero es importante abandonar la cancha cuando es turbia y aburrida.
 El Ser es un personaje que tendrá que reactivarse  y reconstruirse,  la novela de Hilda Sotelo nos ubica en geografías concretas como Ciudad Juárez “ la ciudad del terror que ahora gesta mujeres y hombres cósmicos. Humanos que debido a la guerra se han visto forzados a reinventar sus estructuras y volver al Ser”. [2] Otros lugares por donde pasean los  personajes son  Puebla,  Huatulco, Guadalajara.

 En de Cocodrilos a Delfines, el relato transmite el dolor de una joven niña que se hace cargo de sus padres alcohólicos es cuidada por una Yaya,  también de sus hijos y hasta la edad madura esta se casa con un hombre mayor adinerado quien la tiene como reina y a quien no ama, como sugiere la circunstancia tiene una aventura con un hombre joven y se debate entre la culpa y la libertad de realmente sentir el amor sin conveniencias y dotado del brío de la juventud.

Beso Cósmico….
 La novela se sitúa entre seres alucinantes y mágicos, ritos primitivos, lugares prehispánicos y la concreción física de lugares geográficos específicos. Arline es la bruja y hechicera pues “entre las mujeres conjuramos para que tus deseos más elevados se cumplan, este es nuestro tiempo, tenemos el poder del clarividente”. [3]

Esa  maldad que nos alcanza a cada mujer durante las  patadas en la Cancha de los Siglos
 Arline rechaza el admitir sus posibles tendencias lésbicas, ante un matrimonio desecho y ante la crianza de sus dos hijos;  a través de la narrativa nos topamos con amores torcidos como el de Marisol por Marco Vinicio, amores dolorosos como el de Lucy por Salvador, son los amantes masculinos y fantasmas de sus sueños.

 Desexorcizar el dolor femenino cargado de relaciones familiares caóticas, de padres alcohólicos, de adultos abusadores, violadores, violentos, abortos no deseados, hombres egoístas, matrimonios que no se consuman y que todavía son el sueño más íntimo de casi todas las mujeres, “Yo tenía en mi corazón imágenes de vestidos blancos, casas limpias, cocinas divinas… Roto el sueño de la vida”, [4] es el deseo de todas estas mujeres, su pasado y futuro confrontados. Más que narrarnos una serie de acontecimientos para llegar a momentos dramáticos álgidos, atravesamos paisajes emocionales, sensaciones a flor de piel y  las mágicas fórmulas de sanación del corazón, que viven los personajes femeninos.

 En el X capitulo, titulado la Luna llena, encontramos nuevamente a Marisol, Ariana, Mariana, Diamante, Diana, Fátima, Eloísa, Sally, Ileana  jugando expertas en cada una de las posiciones quienes del escenario medieval y de la quema de brujas ahora están en la actualidad intentando no perder el balón de la cordura.

 No éramos perseguidas por trazar realidades paralelas, no éramos satanizadas o apedreadas por ser infieles, nadie nos juzgaba ni nosotras mismas. Ausentes, alejadas de la infamia caminábamos lentamente hacia el interior del espejo, discurre el personaje que hace las veces de narrador y protagonista desde el sillón, en este capítulo nos narra de forma central, el amor entre el vampiro Joel y la doncella Fátima que se encuentran en época actual, Fátima: “Entraría a placer  en el tiempo que transcurría entre autobuses, trenes, autos clásicos, gigantes camiones”. [5]
  El Eterno Femenino, de Rosario Castellanos vino a mi memoria al estar con la lectura de Mujeres cósmicas, pues también trata de una grupo de mujeres que hablan sobre su vida y participan en una especie de terapia colectiva mientras son embellecidas en una estética; ya en su tiempo Castellanos percibió que las mujeres  debían  hacerse conscientes de su propia identidad para poder sustituir con estructuras más acordes a su realidad el mundo creado por los hombres, así, componer un plan de renovación de la mujer a todos los niveles.

 Hilda Sotelo, por su parte, crea una microcosmos simbólico femenino,  Mujeres Cósmicas es un espejo de ese mundo interno en el que cualquier mujer puede verse reflejada.

 [1] Hilda Sotelo, Mujeres cósmicas. Palibrio, Bloomington, 2011, p. 15.

[2] Ibid., p. 8.
[3] Ibid., p. 45.
[4] Ibid., p. 12.
[5] Ibid., p. 143.