martes, 13 de diciembre de 2011

Navidad: La niña-mujer.

Era domingo por la noche cuando la maestra nos leyó una historia de sueños y príncipes, dijo que ella en algún tiempo soñó con uno azul. Yo no entendí el significado de azul porque mi mamá jamás me habló de cuentos de reinos o princesas de colores, ella dedicaba sus días a lavar, cocinar y limpiar la casa. Mi mamá daba la impresión de llevar el mismo vestido a diario, sus piernas estaban saturadas de venas que saltaban presionadas por unos entes pequeños redondos con ojos saltones rojos que carcajeaban conmigo cuando se sabían vistos por mi ojo en la frente, ojo que formaba con mi dedo pulgar y el índice. Los figurines a veces saltaban de los chamorros a darle un descanso a los fatigados pies de mi madre. En una ocasión quise atraparlos y aplastarlos con mis manos pero recordé que mi hermana mayor me había advertido que el 24 de diciembre estaba cerca muy cerca y que debería portarme bien. Asumí entonces que aquellos seres espantosos merecían mi respeto y buen comportamiento. Todavía veo claro a esos círculos pequeños, crecían cuando mi abuela, una señora muy extraña, se acercaba a mi mamá y con trucos de magia negra en la palabra le provocaba desmayos y desesperos. Los mostritos sonreían complacidos y parecían multilpicarse desde el hígado de mi abuela e iban directo al corazón de mi madre rodando hasta las piernas.