domingo, 10 de abril de 2011

Sana la pedrada al niño antes de leerle un cuentito.

Al poeta mexicano Javier Sicilia le asesinan un hijo en México. Por la mañana camino al trabajo escuché una de sus ya tantas entrevistas que ha dado a los medios. Con el corazón en la mano dijo "cada hijo mexicano debe ser hijo de todos". No sabía, hasta entonces, quién podía estar hablando con tanta coherencia, dolor, sentido de pertenencia, y amor al país. Sólo un amante de las letras consternado pronunciaría estas palabras que tanta falta le hacen a una nación ya en guerra. Recordé a personas recientes de las escenas sangrientas mexicanas como el caso Martí, el secuestro y asesinato de su hijo y la tónica de protesta que rondaron sus meses y años posteriores a la desgracia personal que después la convirtió en causa de todos a través de los medios. Es hasta cierto punto comprensible que la tragedia tiene que tocar nuestra puerta para motivar algo que nos lance a la movilización sin cansancio hasta que el ofendido, la víctima, el sobreviviente en duelo, concluya que se ha hecho justicia y si eso pasa en México ya a estas alturas es una milagro.