lunes, 23 de mayo de 2011

Partiendo hacia Bordersenses

Partiendo hacia Bordersenses.

- Partamos a Bordersenses es a las 7pm

La escritora proponía

-partamos

Contestó el poeta.

La cita era a las 6pm tendría que pasar por él a la calle Sun cerca, muy cerca de la Alameda. Antes debería pasar a Western Union a enviar unos dólares destino Medellín Colombia, el dinero era el anticipo de un trabajo de edición de su más reciente novela. Había buscado un corrector y finalmente alguien por internet le había recomendado a una persona de nombre Arthur Henry quien a su vez empleaba a maestros-editores de varios países de Latinoamérica. El asunto fue que la escritora se sentía muy bien por dos razones. Una, finalmente las correcciones a su novela estarían en función y dos estaba, con su aportación, dando empleo a una persona de nuestros gloriosos países latinoamericanos.

Una vez hecho el depósito el sol parecía brillar aún más pero no se apreciaba porque la calle Alameda está repleta de negocios de venta de automóviles, sucios restaurantes chinos, mexicanos, mal olientes alcantarillas, moteles de paso, bares de cuartos gigantes, tiendas de autoservicio servicio en el mal gesto. Igual, el sol hacía su fiesta de colores sin importar lo pagano de la calle Alameda

A todo motor, la escritora, viró a la derecha en Riverside, después vio rápido Sun, efectivamente, ahí, ya el sol se pudo apreciar en todo su esplendor. En unos minutos le pareció ver lagos, altos pinos, casas de construcciones y fachadas impecables, un enorme y bello edificio de la Iglesia Episcopal, calles en línea o en curva de certeza hacia la dirección correcta. El amigo-poeta en el #10 moviendo su brazo confirmando la anunciada partida al evento nocturno en la Texas.

Entraron precavidos, expectantes del lugar, las personas, libres de saludar o hacer mal rostro en ganas, hablar a lo loco, escuchar al saxofón que respondía a cualquier pregunta obscena o inocente, preguntas sobre si y el que lo toca.

Al final del patio casi a la entrada del restaurante estaba la adorada Lubina, sin reconocerla de inmediato ella, creyó estar viendo una versión totalmente diferente de aquella mujer obesa y cariñosa de antaño. Lubina a sus 63 años había tomado decisiones contundentes, admirables, inspiradoras. Cambió de profesión de maestra de preparatoria a terapeuta, su alimentación ha sido su medicina, ha perdido tanto peso y encontrado veintes que le han caído a su mente que ahora decide verse más joven, sonriente al corazón sentirse bien de escuchar a los demás.

-¿te molesta el humo del cigarro?

Dijo ella

-sí, pero estoy tan contenta de verte que prefiero que me humees toda a que te apartes de mí ahora.

Contesta Lubina

-leí tu correo, ¿Qué te has graduado de Psicología ? ¿Qué pasó con tu trabajo de maestra?

-me retiro en tres años, ahora estoy en prácticas por las tardes, luego en cuanto me retire acondicionaré un consultorio para mis terapias.

- tú dime en qué te puedo ayudar, ya sabes que te admiro, respeto y me encanta estar a tu lado.

style="text-align: justify;">- mira que sí, con la literatura.

La escritora dentro, en mí, no sabía de cuál forma Lubina, en un mundo paralelo reunía sus propios talentos y los aplicaba en su consultorio

-¿Cómo Lubina, cómo la literatura?

-mira, no hace mucho tuve una paciente de cincuenta y cuatro años, ella llegó por una severa depresión, decía que poco a poco perdía la memoria, que cuando cocinaba enchiladas debería poner los ingredientes ordenadamente, en porciones y hasta escribir el nombre de cada uno para no cometer un error al zambullirlos en la receta. Después se daba la vuelta e iniciaba una vez más a buscar los ingredientes y los acomodaba en otro lugar pensando que aquellos, los ya acomodados, eran una despensa nueva o tal vez alguien más los ponía ahí. ¿Quién habrá dejado esos ingredientes sobre la mesa? Son unos desordenados. Se preguntaba.

- qué triste situación

- sí, sí. Llegó a mí en un mar de llanto, aclamaba a su madre muerta en vida y en un sueño reciente, le reclamaba a ella, encerrada en un ataúd, le gritaba " tú me dejaste, yo tan sólo tenía ocho años, ocho añitos, te fuiste, me dejaste" ese sueño lo narraba frente a mí, llorando, llorando, sollozando
con el corazón triste. Vino a mi mente un cuento de Cisneros, Once, ¿Lo has leído?

- he leído a Sandra Cisneros pero no recuerdo Once, sigue.

- el cuento que dice " hoy cumplo once años, pero también tengo siete, ocho, nueve...es que uno lleva cada año atrás, encima. Le he leído el cuento y la Señora, poco a poco consoló al alma, vio que su
dolor era el dolor de aquella niñita de ocho años pero que ahora ella de 54 podía consolar el duelo. Espero que muy pronto sueñe diferente, y abrace a su mami y ella cocine esas deliciosas enchiladas para sus hijos que a su vez necesitan de su abrazo.

- Lubina, qué hermoso trabajo, eres una mujer extraordinaria, sensible. Insisto, quiero trabajar contigo, ahora ya entiendo lo de la literatura en un consultorio terapéutico.

Lubina insistía en que los músicos tocasen alguna pieza bailable,aquellos en son de saxo meloso decidieron mover el ritmo a compás del entusiasmo de Lubina, y otras dos mujeres más quienes movían la cadencia de sus propios vestidos rosas, azules, blancos. En el patio del lugar en la fiesta de Bordersenses bailamos un paso adelante, otro atrás, luego de lado en el árbol que bloqueaba la danza a los alemanes que entusiastas asomaron la mirada a bailar los ojos, sonriendo al palpar el gozo de Lubina que recién platicaba con ellos en su lengua.

El poeta y yo nos perdimos la pista como si encontrarnos se debía al suceder del laberinto que formaban nuestros saludos por separado. El se esfumó completamente de mi
mente yo de la suya. No supe del tiempo hasta que de pronto, lo vi frente a su editora, una cerveza y la barra del restaurante. Los tres frente al color plata del acero en recipiente del agua, conversábamos sobre la posibilidad de una realidad paralela ahí, en el instante.

style="text-align: justify;">- yo escribo poesía del lenguaje, la otra poesía no se me da. Cuando leí el trabajo de Emaju lo disfruté, lo admiré, por eso le invité a que publicara en mi editorial. A veces no entiendo cómo se trabaja en México ¿Por qué no los publican allá? ¿Por qué aquí en nuestra universidad se estudia mas a otros poetas de Latinoamérica y mexicanos casi no? Yo me enamoré de la poesía de una
poetiza local, y la buscaba, deseaba conocerla, lo único que sabía es que ella era de Juárez y hasta escribí un poema para encontrarla, no comprendía por qué había leído en otras partes de EU y jamás se le había invitado a leer en Juárez o en El Paso. No comprendo.

style="text-align: justify;">-¿Tú, que escribes? -

Preguntó la editora

-Yo
escribo novelas, ficción y por ahí ando en la pluma, el teclado.

- a mí me gustaría que un escritor me escribiera otro personaje que hubiera sido…

La poetiza editora no daba cuenta que efectivamente ella ya estaba siendo quien deseaba ser en ese momento. Los gestos, las palabras, el rito, el tarro, la olla de acero sólido que gritaba el
matrimonio, los hijos, la institución en el credo conyugal, sus manos abrazadas de un deseo, la blusa estampada de caracoles, la pequeña flor blanca en el cabello, el torrente de pasión al defender una causa de escritores de la frontera, mexicanos, el muro que le bloquea su pasado en Durango, en Chihuahua. El dolor de la huida de sus padres de un país lleno de ingratos y corruptos gobernantes, el silencio muy
cerca de la Zona del Silencio, las minas, trabajo arduo de su padre arrastrando el mazo mango de madera correosa de los años de angustias, hambres, zozobra, escaso porvenir, pastos secos. Acero del mazo implacable que se cuela en los minutos de la poetiza madre en angustia de un futuro ya culpable por omitir haber sido quien sin duda es y sería , una gran mujer al cuidado esmerado de sus críos.


- no puedo descuidar mi labor de madre, de esposa a cambio de la poesía. No podría. Yo entregaré a este país a buenos ciudadanos, esa es parte de mi tarea, lo que yo escogí. Además, me casé a los treinta y un años.

La madre, poetiza, editora, esposa, amiga, hablaba al tanto de los ojos rojizos al verse momentáneamente en la monotonía de una casa sin paredes ni decoración, absorta en una labor que no distaba mucho del trabajo bajo el sol allá en Durango, el arduo trabajo de campesina que a diario cargaba, arrastraba el morral en los cansados pasos de quien, sin prisa, abandona el pensamiento hacia la poesía
ya en su habencia. El repente al predecir la cercanía de la lluvia al ver subir las hormigas a los arboles , la humedad a la distancia, el verdor asomado naturalmente en sus pupilas, su corazón fresco muy diferentes a los cansados pasos, ahí, en el trayecto a la labor, las voces eran una, no existía un cuaderno, tampoco una escuela, ninguna métrica, no autores afamados, no antecedente limitado en el
espacio de " la otra poesía ". Su única herramienta, el lenguaje, el códice en su ADN, herencia indígena, un habla franca siendo una con el canto del cenzontle, el aroma del maíz en los coricos de Semana Santa, los panecillos en forma de diamante, hablando en suave voz, ya bajaba las frases armónicas, las medía por intuición usando el pulgar y el índice, dando espesor, altura, textura y color a cada palabra.
Pasando en ecos, pasitos arriba, la lluvia en la lengua saborea este día. Silbaba la recién inventada frase, hasta que algún "realista" la acusaba de loca que habla sola. Ella prefería callar debido a su timidez, su obediencia hacia la buena convivencia pero jamás, jamás dejó de crear y recrear los mundos que se le ofrecían le hablaban en la espera celestial a ser ahora ella eterna quien da gracia a una pluma, un papel, una escuela, un teclado en comunicación que rehúsa a robotizarse al vivir en el fragmento consciente, dolido.

Y del todo, ha explotado decidida al deber ser, la única pieza deleitable era la poesía.

-
probablemente escriba a los escritores, puede ser pretencioso pero qué importa, en este momento, no importa. Lo que tú deseas que se escriba de ti ya está escrito, yo sólo lo bajaré, tal vez, no lo sé. Viene a mi mente un versículo de Juan que dice yo tenía muchas cosas que escribirte pero no quiero escribirlas con tinta y pluma porque espero verte en breve y hablaremos cara a cara.

Platiquemos María, platiquemos.

Mientras llegaba el siguiente encuentro María, dos apuestos hombres se aproximaron a la conversación, uno a punto de graduarse de un tal doctorado en Literatura Medieval, otro, un risueño colombiano a punto de viajar a la Ciudad de México por primera vez. Invitaban a salir a fumar un cigarrillo y a platicar sobre el próximo inmediato fin del mundo.

- mira te presento a Pedro.

- Ah ya lo conozco, fue mi profesor durante dos semestres seguidos.

- ¿Qué pasó con el cigarro, me regalas uno?

style="text-align: justify;">- claro. Eh, sólo queda uno, creo que habrá matrimonio muy pronto, fuma, fuma.

El buen augurio del colombiano, recordaba al más reciente colombiano, al del Western Union. Además la cercanía del cuasi doctor inquietaba la posibilidad certera de las palabras del rubio de Colombia quien temeroso anunciaba también el fin del mundo.

style="text-align: justify;">- hagamos honor a tu predicción, fumaré el ultimo cigarrillo de tu cajetilla entremos a la máquina del tiempo, tu irás
a la Ciudad de México a pesar del fin del mundo.

- ¿Cómo lo haré, el mundo se acaba mañana 21 de
mayo y yo viajo el 24?

- ¿Mañana se acaba el mundo?

Interrumpió Pedro

- según un neoyorquino que ha gastado 140 mil dólares en publicitar la noticia

Replicó el colombiano

-¿Otra vez se acabará el mundo? Por si las dudas yo tengo todos mis papeles en regla.

Dijo Pedro

- ya estás listo para irte al otro mundo

style="text-align: justify;">Pedro y el colombiano conversaban mientas la máquina del tiempo implacable hacía de las suyas

style="text-align: justify;">- ¿ves aquel edificio blanco, de destellos rojos?

- sí, lo veo

-sí, sí lo veo

- es Bellas Artes, ya estamos en la Ciudad de México. ¿Sientes el rojo de la luces? si de pronto ves un destello azul, no temas, son los extraterrestres que nos guiarán al futuro.

- ah que emoción, este lugar es el Zócalo, ¿Verdad?

- también puedes ver la luna asomando en Palacio Nacional pero debes tirarte de panza hacia arriba pa que aprecies mejor

- uuuhhh ¿ Y ese anuncio de
Wells Fargo, que hace ahí?

- no te fijes en pequeñeces, los gringos van por todas partes.

style="text-align: justify;">Una mujer de avanzada edad se acercó melosa, acaparando la atención de su hombre, llamandolo a despedirse de Los Pérez, en pro al buen decir, las buenas costumbres.

Salimos de la máquina del tiempo, luego, el almost doctor promete un encuentro al mañana que se escribe a placer.

El tabaco concluyendo algún ciclo de plenitud en dos enamorados.

Partir hacia el sentido de la pureza del tiempo, ir por la noche viendo anillos, contactos viejos, nada nuevo, todo añejo en la novedad al percatarlo, amarrarlo para luego soltarlo.

-La partida hacia Bordersenses fue una idea genial, vi gente conocida, vi otros rostros, creo que he madurado, ya no me llama la atención seducir a señoritas, escucharlas sonreírles aprobar sus bobadas con la única intención de llevarlas a la cama, eso es pasado.


El poeta y yo salíamos de la fuente de los deseos, el olor a peces, escapabamos del árbol de olivo.

style="text-align: justify;">-Hola primo, hola

Una señorita joven hermosa, delgada, saludaba al poeta.

style="text-align: justify;">-Hola, qué sorpresa, hace muchísimos años que no te veía

-Recuerdo que a mí me encantaba ir a tu casa porque ahí solo estaban mis tres primos adultos, maduros, mayores y yo era la única pequeña, lo fui por muchos años, ¿recuerdas? Hasta que nacieron todos los demás primitos. Pero qué coincidencia encontrarnos justo aquí, ahora.

-Estoy sorprendido de verte, te veo, te veo.

El sincronismo confirmaba que efectivamente el poeta y yo habíamos trasmutado madurez. Lo supe cuando leí que partíamos a Bordersenses, lo que ignoraba era mi parte, en la partida, claro está.