domingo, 10 de abril de 2011

Sana la pedrada al niño antes de leerle un cuentito.

Al poeta mexicano Javier Sicilia le asesinan un hijo en México. Por la mañana camino al trabajo escuché una de sus ya tantas entrevistas que ha dado a los medios. Con el corazón en la mano dijo "cada hijo mexicano debe ser hijo de todos". No sabía, hasta entonces, quién podía estar hablando con tanta coherencia, dolor, sentido de pertenencia, y amor al país. Sólo un amante de las letras consternado pronunciaría estas palabras que tanta falta le hacen a una nación ya en guerra. Recordé a personas recientes de las escenas sangrientas mexicanas como el caso Martí, el secuestro y asesinato de su hijo y la tónica de protesta que rondaron sus meses y años posteriores a la desgracia personal que después la convirtió en causa de todos a través de los medios. Es hasta cierto punto comprensible que la tragedia tiene que tocar nuestra puerta para motivar algo que nos lance a la movilización sin cansancio hasta que el ofendido, la víctima, el sobreviviente en duelo, concluya que se ha hecho justicia y si eso pasa en México ya a estas alturas es una milagro.

En esta ocasión la sucesión de hechos violentos, los sincronismos con el evento trágico a la familia de Javier Sicilia lograron que en 32 ciudades de México 15 ciudades del mundo se convocaran una reunión de protesta, una reunión donde se daría por manifiesto la inconformidad con el actual gobierno mexicano. La convocatoria asentaba que a través de la lectura de poemas, cuentos, decretos de asociaciones, música, performance, actividades culturales participaríamos nuestras condolencias y apoyo a Javier Sicilia y su familia. Pues bien, en Ciudad Juárez el tema ocurrió frente a la Fiscalía General del Estado Zona Norte. Al día de ayer desconocía hasta que punto había sido necesario útil y funcional armar los gritos, las protestas, los símbolos de repudio, los pantomimos de sangre en manos, grupos dolidos que emergen en sociedades cuyos sistemas apestan, duelen, reprimen, se tiene que ser testigo de la urgencia social en Ciudad Juárez escuchando a los que se han reunido a manifestarse, viendo la entrega a una causa cuya emergencia y alarma cotidiana moldea la forma de la manifestación, la ajusta cada vez más al horror y la vive en la violencia para comprender mejor. Entre pláticas, un organizador hacía énfasis a las razones o sincronismos a la disminución de asesinatos en Villas de Salvárcar pasando los crímenes a otros puntos de la ciudad, "es que en Villas de Salvárcar ya les pusieron un estadio bien suave y una biblioteca" ¿Por qué no lo hacen en toda la ciudad? tenemos que lograr ciudades verdes, con más escuelas bibliotecas, teatros. Palabras contundentes música para el consciente colectivo coherente. "Ya sé porque en Salvárcar si se atendió, es que María la madre del joven asesinado se atrevió a poner a Calderón en su lugar, a partir de ahí, la atención llegó, pero sigue lo mismo, en otras partes, los asesinatos siguen en otras colonias".

Y en la conversación, la hora de mi lectura de cuento durante la manifestación ocurre, apenas leí la sinopsis cuando me percaté de que el contenido muy a pesar de la naturaleza del evento, estaba fuera de lugar. La lectura plantea la idea de unos escritores no escritores que escriben al niño interior de los habitantes fronterizos, auto exploración y sanción de las heridas internas. "A estas alturas el interés urgente es sanar la descalabrada externa del niño, no te puedes dar el lujo de sentarte a leer un cuento, no te pondría atención", menciona pertinente, Marrito. ¿Cuándo llegará el día de que el niño mexicano viva dignamente y esté listo para la educación integral? Me pregunté. Los males en México han escalado definitivamente, antes y ahora un grueso grupo de la población infantil va con la panza vacía, atendíamos las lecciones desnutridos del cuerpo sin embargo muy a pesar de los inexistentes y fallidos desayunos escolares que más tarde se convirtieron en una leyenda, gran parte de mi camada aprobamos las materias. Ahora los niños específicamente en Ciudad Juárez no sólo van desnutridos, ahora asisten descalabrados. Heridos directamente o indirectamente con la guerra al costado. Así es que, urge, no sólo un reducido grupo coherente, es apremiante un consciente colectivo coherente dispuesto a ver más allá de sus individuales vidas, más allá de sus penas, sufrimientos, traumas, dolores, más allá de la razón violenta implícita en el cohecho, el asesinato, el grito, el cuento, o la sangre ficticia en la manifestación. Necesitamos un consciente colectivo coherente dispuesto a sanar la herida sangrante de un niño antes de pretender instruirlo en la academia moldeadora de razones e indiferente al espíritu, un consciente colectivo cuya virtud sea la paciencia y su bendición los sincronismos detectados y enfocados al dinamismo propio de los años que procedan al 2012.