lunes, 26 de abril de 2010

La raza fumigada

Acabo de ver una fotografía que me es totalmente familiar en El Diario. Un cúmulo de polvo es arrojado a un grupo hombres mexicanos. Mexicanos próximos a cruzar la frontera a trabajar el campo de Estados Unidos.

Había visto este tipo de imágenes en repetidas ocasiones. Tengo en mi memoria bien grabadas las conversaciones de mi padre, de mi tío cuando les preguntábamos por qué salían con los pelos de punta en las tarjetas provisionales que les otorgaban al cruzar la frontera.

Recuerdo que gozaban de un muy buen sentido del humor y entre risa y risa nos decían. “Ah, es que recuerdo que nos formaban desnudos, nos arrojaban un polvo y luego nos bañaban con agua fría. Que porque traíamos plagas y enfermedades, eso decían”.

“Tu traías plagas no te hagas”, bromeaban entre mi tío y mi padre…“y luego lueguito m’ija nos tomaban la foto. A veces el frío era insoportable y pues claro que hasta los pelos se rebelaban’, decía mi tío y soltaba una carcajada de buena gana.

Yo sólo escuchaba boquiabierta y, siendo una niña, no alcazaba a entender si era bueno o malo lo que les estaba pasando. Pero las acciones hablan más que las palabras y mi padre después de trabajar el campo americano, después de haber sufrido humillaciones, las disfrazaba de risa para protegerme de odiar, me supongo.

Repetía que Estados Unidos no le gustaba nadita, y cómo le iba a gustar si en cuanto cruzaba el puente lo recibían a fumigarlo, luego le gritoneaba y le lanzaban agua fría. Después “le hacían el favor” de darle trabajo en el campo, lo explotaban y el debía estar agradecido con México y Estados Unidos por abrir el programa bracero.

Debía de estar agradecido de abandonar sus propias tierras para trabajar otras tierras gringas. Además también debía de agradecerles que le dedujeran de su sueldo una cantidad de dinero que nunca supo a dónde fue a parar.

Murió esperando la devolución de su ahorrado dinero de bracero. El día que supo que ese dinero había sido devuelto al gobierno de México, muy desanimado dijo: “Tenía la esperanza de que ese dinero estuviera con el gobierno de EU pero como se lo devolvieron al gobierno mexicano, pues ya nos fregamos, de segurito se lo robaron toditito esos desgraciados gobernantes mexicanos”.

Trabajó en los campos del Valle Bajo de El Paso, exactamente en los campos donde ahora se encuentra el salón de clase donde imparto español como segunda lengua.

Así es que, como usted comprenderá, no me puedo quedar sin comentar todo lo que pasa por mi mente al ver la fotografía y leer la reciente ley antiinmigrante aprobada en Arizona. No me puedo dar el lujo de callar porque pertenezco a la raza que se dejó y se deja fumigar.

Una raza llena de bondades que desconoce, llena de cualidades que desprecia. Pertenezco a un grupo que se dividió fácilmente, se clasifica pocho, mexicano, mexico americano, chicano, mexa. Pertenezco a un grupo que se invadió de apatía y ni siquiera sabe comunicarse, y se comporta como si estuviera recibiendo los efectos mareadores de la fumigación.

Un grupo cuya maestría es fregarse entre sí, en cuanto puede. Un grupo que se ataca a traición, malinterpreta y desconfía. Un grupo que al salir de su lengua indigenista, lo conquistan, lo cristianizan, le cambian el nombre, se extravía y huye de su propia tierra para llegar a otra donde lo discriminan, donde no cabe, donde le exigen deshacerse de su lengua una vez más.

Lo usan, lo siguen explotando y a cambio lo dejan sin rostro, sin identificación y lo criminalizan por el hecho de pertenecer a una raza que se deja fumigar.

Me pasaría los minutos y las horas rumiando penas del pasado y el presente y me dedicaría a destruir y renegar. O tal vez confundiría humildad con humillación y bajaría el rostro, la mirada al saberme mexicana. Tal vez tomaría una pancarta y saldría valientemente a protestar por tanta ley injusta que está invalidando la presencia del mexicano es este país como lo están haciendo acertadamente algunos valientes. En cambio sólo atino a usar este medio para expresar mi inconformidad con tan despreciables métodos que se vivieron y se viven día con día al cruzar los puentes internacionales