domingo, 4 de abril de 2010

La Generación NiNi

Permítame decirle el significado aún no aceptado por la RAE (Real Academia Española) del acrónimo ni-ni: Significa ni estudia ni trabaja. ¿De dónde surge tan acertado acrónimo para definir en palabras sencillas y entendibles a tantos humanos que se han contagiado del virus del desánimo? Pues le he de informar que, hasta donde tengo entendido, el vocablo ni-ni es publicado por primera ocasión en El País, en una nota titulada Generación ni-ni: ni estudia ni trabaja. Aquí imprimen una alarmante estadística: el 54% de los españoles situados entre los 18 y los 34 años que dicen no tener proyecto alguno por el que se sientan especialmente interesados o entusiasmados.

En Ciudad Juárez existe un estimado de 70 mil ni-nis, según una nota publicada por El Diario ¿Le suena familiar? Por supuesto que sí. Un numeroso y variado repertorio de reportajes se han dejado leer en notas del ciber mundo y medios impresos. Aquí le propondré algunas variantes de los ni-ni: los temporales, los de a sueldo, los necesarios, los permanentes.

Las justificaciones propuestas para la existencia de los ni-ni son de toda índole: que si son jóvenes desanimados que desertaron de la escuela por cuestiones económicas; que si no existen suficientes incentivos; como la posibilidad de tener una casa, un seguro médico, vivir en pareja, o alguna otra clase de necesidad para su satisfacción personal. Que si los jóvenes encuentran en la desanimada situación actual de México una salida falsa y se integran a las filas del crimen organizado.

Analizando las estadísticas, –que de certeras no tienen nada, pero de hipotéticas tienen mucho–, podemos concluir que el ni-ni no es únicamente característico de los jóvenes ni de los países hispano hablantes. Tal es así que la llamada recesión económica estadounidense está criando una parvada de ni-nis temporales. Se autodesemplean, o son desempleados y el tío Sam les pasa una módica cantidad de dinero, suficiente para sobrevivir mientras encuentran qué hacer de sus vidas. Muchos de ellos se toman sus merecidas vacaciones, otros se enferman de incertidumbre y unos cuantos más aciertan a estudiar o auto emplearse. Me pregunto cómo serían nuestras vidas si, como otros, saboreáramos las mieles de recibir dinero sin trabajar. Amén de los burócratas, –aviadores mexicanos que son verdaderamente ni-nis a sueldo–, el resto de la población no sabremos nunca la sensación de ser ni-ni a sueldo.

Otros ni-ni permanentes son los tramitadores de dinero, el dinero que muy generoso el gobierno les otorga como condición de readaptación al mundo laboral. Me refiero a los que por todos lados le sacan provecho a los privilegios de vivir en un país de primer mundo. Tramitando beneficios que por “derecho” primermundista les corresponde. Otros ni-nis permanentes son aquéllos cuyos padres les ofrecen techo y comida. Los sobreprotegen y encuentran en la adoración paternal una zona de confort que les permite dar rienda suelta a sus emociones y toda clase de enfermedades paralelas al ocio.

También existen los ni-nis de los países en vías de desarrollo que de plano se cansaron de trabajar para empresas que maquilan un producto a costo de dólar. Es decir, sus gobiernos son tan corruptos y retrógradas que dejan entrar compañías globalistas que explotan los recursos, –tanto naturales como humanos–, de su propia tierra. Su energía, creatividad y ánimo son exprimidos a tal grado que terminan extenuados viendo por TV o Internet las comodidades o bienes a los que ellos jamás tendrán acceso. Hartos de desear y no tener, terminan por renunciar y quedarse en casa mientras una vez más la adoración de sus familiares les permite ser ni-ni. Tienen comida y techo seguros.

Hace algunas semanas Rocío Acosta, egresada de la UACH y radicada en Finlandia, subió al Internet un reportaje sobre la caótica situación en México con respecto a los ni-nis. Aquí publicamos algunas opiniones que las generaciones X y Y, –antecesoras a los ni-nis–, vertieron:

Rebeca Lima, egresada de la UACH y residente de Madrid, dice: “En la televisión española se transmite una programa llamado generación NINI. No sólo se ha perdido la oportunidad de progresar económicamente, sino que las nuevas generaciones han perdido el respeto a todo y a los valores. Qué pena”.

“Aparte del daño que se hacen a sí mismos y a la sociedad, la TV los premia replicándolos. Es algo así como enviar un mensaje a la generación siguiente. Me pregunto, con qué fin”.

Claudia Urista, coordinadora de la carrera de Educación en la UACJ, menciona: “¿Qué pasa con nuestra propia responsabilidad, nuestro amor propio, nuestras ganas de sobresalir y ser independientes? Yo vengo de un país donde las oportunidades son pocas, ustedes lo acaban de describir; sin embargo no lo he puesto de pretexto para no salir adelante. Hay que luchar y duro”.

“Nosotras somos un ejemplo de que con las pocas herramientas que nos dio el gobierno y el medio social del que venimos hemos salido adelante y seguimos emponderándonos para ayudar a los nuestros”.

“Coordino una licenciatura de más 850 estudiantes, donde unos se levantan a las 4 de la mañana para estar a las 7 en la universidad; otros que escogen el turno de la tarde porque en la mañana hay que trabajar. Son chavos que están ahí porque también tienen un compromiso social. No se pueden dar el lujo de ser ni-nis. Si no hay trabajo, hay que ser autogestores”.

“No podemos echarle la culpa al gobierno, éste apoya. Por ejemplo, a mí se me exige ampliar cada semestre la matrícula, porque el gobierno está dando el apoyo económico para que cada vez sean más los mexicanos que puedan tener acceso a la educación superior”.

El terapeuta Cristian Castorena en una de sus ponencias mencionaba a los niños enfermos de vacío y los padres en quiebra, teoría de Homo Videns de Giovanni Sartori, que explica que la generación de los video niños es aquélla donde el pequeño empieza a ver programas para adultos a los tres años. Sartori dice que los padres deberían de alarmarse de lo que les sucederá a sus hijos: cada vez más almas perdidas, desorientados, anómicos, en psicoanálisis o con crisis depresivas y, en definitiva, enfermos de vacío, donde la imagen es preconcebida y la capacidad de raciocinio es nula.

Cada vez, más niños se negarán a aprender, leer y escribir. No le encontrarán sentido a la creación de imágenes individuales; si alguien más les dice qué imaginar. No hay recompensa en la lectura escrita. El cerebro es tan megabombardeado, multimediatizado, que representa un yo reconstruido que poblará las clínicas psiquiátricas o engrosará las filas de los ni-nis.

Los ni-nis llegaron, y llegaron para sostener un sistema socioeconómico que los creó a imagen y semejanza para beneficio de los medios de comunicación, los videojuegos, las farmacéuticas, los hospitales, las tabacaleras, la industria del alcohol, el narcotráfico y el crimen organizado.

“A los que ya somos conscientes de qué es un ni-ni y cómo se gesta, nos queda el compromiso social de reeducar a través de la educación formal e informal, para construir otra generación ni-ni a nivel social y conceptual: Ni miento, ni vivo de los demás” me comentó Claudia Urista.